Un año de lecturas

‘Instrumental’, de James Rhodes (Blackie Books). Es durísimo y directo. Lo leí en un estado casi febril, del tirón. De cómo la música puede salvar la vida de alguien.

‘La ley del menor’, de Ian McEwan (Anagrama). No es su mejor novela, no, pero es obligado leer cualquier cosa que escriba. Y Fiona Maye es un personaje tan reconocible para cualquiera que haya leído a McEwan…

‘Pequeño fracaso’, de Gary Shteyngart (Libros del Asteroide). Otra autobiografía, pero esta no es tan dura como la de Rhodes. Es la historia de un niño asmático en la URSS, de un adulto cabronazo en Estados Unidos. Yo me reí con la ironía de Shtyngart.

‘La zona de interés’, de Martin Amis (Anagrama). Para mí es ya una de las mejores novelas de Amis. Dejad a un margen la polémica por su no publicación en Alemania y Francia. Es un libro tan cruel como imprescindible.

‘Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York’, de Gail Parent (Libros del Asteroide). No es un libro que vaya a marcar tu vida, pero me reí tanto que solo por eso merece la pena leerlo.

‘El comensal’, de Gabriela Ybarra (Caballo de Troya). Habla sin cortapisas de cómo hacer frente a la muerte. Habla sin miedo de ETA. A ratos, pensé en si Ybarra habría leído ‘Noches azules’, de Joan Didion, antes de escribirla.

‘Después del invierno’, de Guadalupe Nettel (Anagrama). No sabría explicarlo, pero es una de las novelas que más me ha removido este año. “Obsesionarse con alguien que ha decidido no estar es regalar minutos, horas y días enteros de nuestra vida a quien ni los ha pedido ni quiere tenerlos; es condenar esos mismos minutos, horas y días a la dimensión del tiempo perdido, de lo inservible”.

‘Siete casas vacías’, de Samanta Schweblin (Páginas de Espuma). Me gusta mucho el relato corto y durante mucho tiempo me hablaron de esta escritora de nombre impronunciable que nunca recordaba y nunca podía comprar. Al final el libro me encontró a mí y puedo prometer que ya escribo el apellido sin mirar. Maravilloso.

‘Nuevo destino’, de Phil Klay (Random House). Es lo último que me he llevado a la boca, otra vez relato. Me ha impresionado mucho ‘Diez kilómetros al sur’, la obsesión de un soldado que dispara por primera vez por saber cuántos enemigos ha abatido.

‘Senior Service’, de Carlo Feltrinelli (Tusquets). Me la recomendaron en Twitter y aunque conocía la historia de Giangiacomo Feltrinelli, la devoré. Es la biografía de uno de los grandes reyes de la edición europea de los 60 y los 70, el primero que publicó ‘Doctor Zhivago’. Fue militante del Partido Comunista italiano y terminó como terrorista antisistema. El libro lo firma su hijo Carlo Feltrinelli, heredero del imperio, el hombre que a partir de abril de 2016 controlará Anagrama.

‘Seguro que esta historia te suena’, de Karmelo C. Iribarren. No soy una gran lectora de poesía, me cuesta mucho, pero este libro lo compré al inicio del otoño y ha sido una tabla a la que agarrarse.

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Y mi canción de 2015