Mis libros de 2021

Han pasado doce meses, un año, y tengo la sensación de que estaba escribiendo el post sobre mis libros favoritos de 2020 hace apenas un día. Si algo define mi 2021 es la sensación de tiempo suspendido, de un relato que no avanza, como si me hubiera convertido en un oso en hibernación. Tal vez esa sensación de aletargamiento no sea más que una consecuencia -otra- de vivir en pandemia permanente.

Los libros son refugio y consuelo, y aunque llego al final de año con prácticamente los mismos leídos que en el ejercicio anterior (la lista completa está aquí) tengo la impresión de que he leído menos que en 2020. O peor. También porque durante semanas he sido incapaz de pasar una sola página sin saber muy bien el motivo. Pero dejando la cháchara al margen, ahí van mis favoritos, sin un orden claro.

Desmorir. Una reflexión sobre la enfermedad en un mundo capitalista’ (Sexto Piso). Es un libro durísimo, poderoso, en el que la autora narra su propia enfermedad para construir un relato universal. Anne Boyer tenía 41 años cuando le diagnosticaron un cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos, uno sobre el que no sabía nada. REflexiona sobre la importancia de los cuidados, sobre quién recaen. ¿Qué pasa cuando enfrentas una enfermedad mortal en una situación económica precaria y sin una familia que te sostenga? Que días después de someterte a una doble mastectomía tienes que ponerte frente a un grupo de alumnos e impartir una clase porque tu hija tiene que comer. Lo que más me gusta de Boyer es que le prende fuego al mito del lazo rosa, en las páginas de ‘Desmorir’ escribe: “La literatura nada como pez en el agua en todo tipo de prejuicio existente“. Ella sale del estanque para darnos un bofetón y recordarnos que vivimos en una sociedad enferma.

A partir del minuto 33 podéis escucharme aquí, en Efecto Doppler, de Radio 3, hablando de forma más amplia sobre el libro.

‘La mitad evanescente’, de Brit Bennett (Random House). En tiempos de experimentación y autoficción, me gustó volver sobre una novela clásica. Un novelón de los de siempre, de esos que te enganchan muchísimo. Bennet habla sobre raza y género y sobre racismo entre negros. El relato abarca tres décadas, entre los cincuenta y los ochenta, pero suena poderosamente actual. Y arma un relato universal sobre la identidad, sobre cómo nos construimos y mentimos al contarnos.

‘Tienes que mirar’, de Anna Starobinets (Impedimenta). El libro que más me ha impresionado este año, el que me ha llegado más hondo. No hay ficción, es la historia de la propia autora. Starobinets tuvo que someterse a un aborto tardío por razones médicas y eso en su país es imposible. Ésta es una historia sobre las consecuencias psicológicas aparejadas al proceso, pero es también una historia de terror sobre las instituciones sanitarias rusas. Al final, el aborto se llevó a cabo en un hospital alemán donde le decían “tienes que mirar”. Tienes que mirar a tu hijo muerto o te arrepentirás toda la vida. Mirar, aunque nos duela, porque es la única forma de avanzar. Hablé sobre el libro de Starobinets en Efecto Doppler, a partir del minuto 30.

Lejos de la potencia narrativa de Starobinets, pero Marta Barrio también ofrece un relato sobre el aborto voluntario por razones médicas que merece la pena leer en ‘Leña menuda’ (Tusquets).

Nunca serás un verdadero Gondra’, de Borja Ortiz de Gondra (Random House). Me llama poderosamente la atención que esta novela haya pasado tan desapercibida. No había visto las obras de teatro del autor sobre su familia, pero disfruté mucho leyendo este libro. Una novela sobre secretos familiares, construcción de la memoria, la importancia de las lenguas. Un libro atravesado por la violencia, de alta o baja intensidad, pero siempre presente en Euskadi. Un recuerdo de que uno nunca puede huir de sus raíces, ni de lo que causa su dolor e infelicidad.

Hamnet’, de Maggie O’Farrell (Libros del Asteroide). Debería encabezar todas las listas de mejores libros del año. La capacidad para mirar y para contar Maggie O’Farrell está a otro nivel. Aquí habla sobre Hamnet, uno de los tres hijos de Shakespeare y muerto a los once años víctima de la peste, suceso que está en la génesis de ‘Hamlet’. Pero en realidad lo que hace O’Farrell es enhebrar un relato con toques incluso mágicos en el que la protagonista es la mujer de Shakespeare, Agnes, porque si de algo sabe la autora norirlandesa es del dolor que causa la maternidad. Y qué forma de narrarlo.

‘Asylum Road’, de Olivia Sudjic (Alpha Decay). Es un libro perturbador y diría que inclasificable. Una novela que excava en los traumas infantiles y en las heridas de la guerra y el exilio. En unas secuelas que son físicas, pero también psíquicas y en cómo a partir de ahí se construyen relaciones. Un libro que habla sobre la incapacidad para comunicarnos. Y el final me dejó temblando.

Ayer’, de Agota Kristof (Libros del Asteroide). He recomendado mucho este libro, pero sin saber explicar el motivo, porque creo que es tan duro y tan bello que no se puede explicar. Una novela llena de disfraces y trampantojos que habla sobre el desarraigo, el amor, la soledad o las ilusiones. Las ilusiones que perseguimos toda la vida y con las que no podemos hacer nada cuando se convierten en realidad.

Poeta chileno’, de Alejandro Zambra (Anagrama). Una de esas novelas hermosas que te acompañan mucho después de doblar la última página. Zambra tiene la capacidad de elevar a literatura lo cotidiano. La novela habla de amores a destiempo, de relaciones paternofiliales que no se ajustan a un canon y de poetas que beben de otros poetas. ¿La poesía, la literatura, no forma parte también de una misma familia? Me gusta mucho algo que escribe Zambra: “ahí están esos poemas que acaba de leer, poemas que demuestran que la poesía sí sirve para algo, que las palabras duelen, vibran, curan, consuelan, repercuten, permanecen”.

‘Bluets’, de Maggie Nelson (Tres puntos). Qué belleza de libro, a medio camino entre el ensayo y la prosa poética. Qué forma de hablar de multitud de obras artísticas y ser capaz de relatar, al tiempo, una dolorosísima ruptura sentimental. Todo unido por la fascinación por el color azul. Cuánto lirismo en forma de enumeraciones. En Efecto Doppler a partir del minuto 29.

238. Quiero que sepas, si algún día lees esto, que hubo un tiempo en el que hubiera preferido tenerte a mi lado antes que cualquiera de estas palabras; hubiera preferido tenerte a mi lado más que todo el azul del mundo.

‘Un verdor terrible’, de Benjamin Labatut (Anagrama). Lo he leído casi sobre la bocina y, ¡guau! No es que explore las relaciones entre ciencia y literatura, que también, es que consigue crear un artefacto que nos hace cuestionar qué es la literatura. Habla de Fritz Haber o Alexander Grothendieck, de sus descubrimientos y las consecuencias que tuvieron para ellos. Genios convertidos en chalados. Labatut trata de explicarnos que el mundo es ininteligible en un libro que define como una novela basada en hechos reales.

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Bonus track. ‘La gente no existe’, de Laura Ferrero y publicado en Alfaguara, ha llegado este año a las librerías. Yo comencé a leerlo muchos meses antes por piezas porque tengo la suerte de ser su amiga. Concedeos vosotros el placer de descubrirla a través de esos relatos que hablan de hacerse mayor, de la búsqueda de los orígenes, de padres e hijos, del amor y las huidas.

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Y una canción.