Podrías 1

Cuando a Carlos Fuentes le preguntaban por qué escribía el mexicano replicaba “¿por qué respiro?”.  Umberto Eco lo resumía con un “porque me gusta”. Están los que quisieron ser saxofonistas o astronautas o piratas, pero acabaron inventando las vidas que no pudieron vivir. “Llamadme Ismael”.

 

Me gusta este poema de Anne Carson:

«Si no eres la persona libre que quieres ser, busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ello. Contar cómo te va con todo. La franqueza es como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado».

 

 

Escribir para contar, para nombrar, porque si no lo nombras no existe. O como dice Héctor Abad Faciolince “cuando escribes de lo que no te deja vivir empiezas a vivir”. Yo no escribo, pero leo. Y cuando leo sobre lo que no me deja vivir empiezo a vivir. O al menos vuelvo a respirar.

 

El poema de Carson sigue (y termina) así:

«Podrías susurrar de cara a un pozo. Podrías escribir una carta y mantenerla guardada en la gaveta. Podrías escribir una maldición en una cinta de plomo y enterrarla para que nadie la lea por mil años. No se trata de encontrar un lector, se trata de contar. Piensa en una persona de pie, sola en un cuarto. La casa está en silencio. La persona lee un pedazo de papel. No existe nada más. Todas sus venas se pasan al papel. Toma la pluma y escribe en él unos signos que nadie más va a ver, le confiere así como una plusvalía,

 

y todo lo remata con un gesto

tan privado y preciso como su propio nombre».

 

 

El poema se titula Podrías 1. Porque en ese podrías cabe una vida entera.