Periodismo en el campo de batalla

by Lara Hermoso

“Mi desasosiego iba a más a medida que recapacitaba sobre el sinsentido de aquella situación. ¿Qué hacía un cuarentón como yo en aquel punto perdido de la volátil frontera turcosiria, comportándose como un colegial ávido de aventuras? ¿Por qué seguía atrayéndome vivir situaciones extremas y exponerme a peligros tales como el representado por el régimen del presidente Bashar el Asad, enfrascado, desde un año atrás, en una demencial espiral represiva en la que ni siquiera se respetaba a un corresponsal extranjero desarmado? ¿Qué carencia emocional hacía que, cuando trabajaba en la redacción de Barcelona editando y titulando los textos enviados por compañeros, la vida me pareciera insulsa, sin sustancia ni colores? ¿Por qué no me conformaba, como el 99,9% de los seres humanos, con una existencia predecible, marcada por el trabajo, las cenas, las visitas a familiares y amigos y las idas al cine? Estos y otros pensamientos similares atravesaban mi cerebro con la velocidad de un rayo mientras me preparaba para recorrer ese kilómetro y medio que separaba la guerra siria de la seguridad turca, probablemente el kilómetro y medio más extenuante que recorrería jamás en toda mi vida profesional, guinda final a una incursión ilegal de dos semanas de duración en un país sacudido por una revolución, que en sus casi doce meses de vida acumulaba miles de muertos, decenas de miles de desaparecidos y brutales abusos contra la población civil por parte de las fuerzas de seguridad”.

Este fragmento pertenece al último capítulo -“La guerra decisiva se libra en Siria, 2012”- del libro ‘Periodismo en el campo de batalla’ del periodista Marc Marginedas, secuestrado en Siria desde el pasado 4 de septiembre.

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