Atonement

"Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde"

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Mis libros favoritos de 2013

1. ‘La trama nupcial’ de Jeffrey Eugenides.

2. ‘Coral Glynn’ de Peter Cameron.

3. ‘El sermón sobre la caída de Roma’ de Jérôme Ferrari.

4. ‘El sentido de un final’ de Julian Barnes.

5. ‘Operación dulce’ de Ian McEwan.

6. ‘La hora violeta’ de Sergio del Molino.

7. ‘Limónov’ de Emmanuele Carrère.

8. ‘Una historia sencilla’ de Leila Guerriero.

9. ‘Dos historias nada decentes’ de Alan Benett.

10. ‘Aquí yacen dragones’ de Fernando León de Aranoa.

11. ‘El camino de ida’ de Ricardo Piglia.

12. ‘Todo lo que una tarde murió con las bicicletas’ de Llucía Ramis.

*
Y una canción.

Mi Waterloo

Luis Antonio de Villena sobre Enrique Vila-Matas y André Gabastou.

“¿Por qué dar propina se ha vuelto un impuesto culposo y social?”

¿Dónde está mi hijo?

Los Rolling Stones y Jean-Luc Godard.

En Hiroshima, a un millón de grados centígrados. Por Gabriel García Márquez.

Imre Kertész y el arte de la ficción.

Los tres cuentos inéditos de JD Salinger se pueden leer aquí.

El malambo, la cúspide y el fin. Fotos de Diego Sampere.

Contar hasta diez.

Joyce Carol Oates sobre la nueva biografía de Mike Tyson.

La nadadora entre los tigres.

“¿Dirás sí quiero todos los días, aunque lo fácil sea no querer?”

Escribe Fernando León de Aranoa en ‘Aquí yacen dragones’: “Le entregué los mapas y las llaves, el territorio llano y sin defensas naturales de mi corazón. Perdí las batallas y la guerra: la amé como solo se puede amar al enemigo”.

*
Y una canción.

Ditirambo

Siria: ¿camino al genocidio?

Sobran letras para martirizar Filipinas. Pero no sobran fotos para retratar el drama de los cuatro millones de desplazados.

Dos periodistas freelance contando la realidad de y desde la India.

Ezra Pound leyendo sus cantos.

¿La literatura debe ser socialmente útil?

El ‘Diario de otoño’ de Salvador Pániker.

El día que Xavi Ayen se sentó en “la cama” de Doris Lessing y vieron juntos las carreras de caballos.

Margaret Atwood se despide de Doris Lessing. Y Lessing rechazando por carta ser Dama del Imperio Británico.

Canto y grito de las madres de Soacha.

“¿Cómo era un día en tu vida, Johnny?”

Enrique Urquijo, ese chico triste.

Escribe Jérôme Ferrari en ‘El sermón sobre la caída de Roma’: “Aquel mundo solo perduraría de esa manera, a medio camino entre la existencia y la nada, y así lo mantenía cuidadosamente Matthieu, en una compleja red de actos no llevados a cabo, deseo, repulsión y carne impalpable”.

*
Y una canción.

Polisemias

“Sarajevo is my life. Sarajevo is my soul. Sarajevo is my everything”.

Los oficios de la cultura: locutor de radio. Y el locutor se llama Julio Ruiz.

Que liberen las crónicas cautivas.

“Lo más importante para un periodista es saber pensar e interpretar la información para no dejarse llevar por las cortinas de humo que lanza el poder”.

Catalanes: por qué nos queremos ir de España.

Juan Villoro y el fútbol.

Hasta que el manuscrito nos separe: Francis Scott Fitzgerald y Zelda Sayre.

Patti Smith versionando a los Rolling Stones. Y otros.

Las canciones de Radiohead vistas por los niños.

Feliz cumpleaños, Kurt Vonnegut.

Escribe Peter Cameron en ‘Coral Glynn’: “¿Cómo era posible saber quién o qué era la gente en realidad? Eran todos como monedas, con dos caras, o como dados, con seis”.

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Y una canción.

Escribir porque sí

El pueblo que se mudó de la mina a una ciudad (pero extraña vivir junto al cobre).

Vivir en los párkings de la cadena de supermercados Walmart.

El manuscrito de ‘Frankenstein’ de Mary Shelley.

Emmanuel Carrère y el arte de la no ficción.

Dios no existe y yo soy gay.

JFK: el mito, en perspectiva.

El oficio del editor, por Sergio Dahbar y Beatriz De Moura.

“¡Cuántos millones y millones de palabras tendrán cincuenta mil libros!”, el secreto de la librería La Central.

“Escribir porque sí”.

Alberto Rojas y Raúl del Pozo hablan sobre el oficio de contar.

Una conversación (mía) con Leila Guerriero.

Escribe Alice Munro en ‘Demasiada Felicidad’: “Empezar a enamorarse. Eso sugiere cierto paso del tiempo, cierto abandono; pero también se puede tomar como una aceleración, el momento o el segundo en que te enamoras”.

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Y una canción.

Entropía

Ser homosexual en Irán.

Los Dibrani, apátridas en Europa.

Juan Soto Ivars escribe sobre su tío, que está perdiendo la batalla contra el cáncer.

Danguolè no fue diagnosticada de síndrome de Asperger hasta que llegó a la universidad.

La historia de la morgue del New York Times. Y el documental ‘Page One: un año en The New York Times’.

La intrahistoria y las anotaciones editoriales del reportaje de Gay Talese: ‘Sinatra está resfriado’.

Entrevista a John Banville. El escritor canalla de Irlanda.

La amistad entre Kingsley Amis y Philip Larkin.

CELOS: trío pasional entre alguien, su ser amado y su fantasma.

Escribe Kiko Amat en ‘Rompepistas’: “Dispuesto a encontrarme con todo, con todos, con ellos, para hablar de él, para hablar de nosotros una vez más; durante una época era lo único que teníamos. Aquellas canciones y a nosotros mismos”.

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Y una canción.

Todos ustedes son una generación perdida

Un cuento de Alice Munro.

Julian Barnes sobre Mario Vargas Llosa.

Kingsley Amis & Martin Amis. Y no se mueran sin leer ‘El libro de Rachel’.

Un obituario para Nathan Zuckerman.

El estilo inconfundible de Eduardo Mendoza.

Leila Guerriero por Alan Pauls.

Jeffrey Eugenides o mi descubrimiento de 2013. En dura pugna con Peter Cameron y su ‘Coral Glynn’.

Norman Mailer y Tom Wolfe.

Arturo Pérez-Reverte: él, sus artículos y los libros que amueblan la vida.

Thomas Pynchon como religión.

Gay Talese y el arte de la no ficción.

‘Nipple Jesus’ de Nick Hornby.

Un relato de Hanif Kureishi.

¿Así que quieres ser escritor?

Escribe Ian McEwan en ‘Operación Dulce’: “Y estaba furiosa conmigo misma por haberme engañado respecto a él, por haber creído que aquel cretino hinchado y con orejas de soplillo podría haberme hecho feliz. Era una suerte para mi estar vacunada contra su ridículo noviazgo”.

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Y una canción.

Leer para cambiar de piel

La obsesión por contar nuestra vida no es un invento de Twitter ni de Facebook.

Libertad de información.

Así será la Sagrada Familia de Gaudí en 2026.

Las vidas rotas de Fukushima.

Joseph Mitchell: El fantasma de los pasillos del New Yorker.

Los hábitos diarios de tres filósofos: Nietzsche, Marx y Kant.

El plagio llega a las portadas de los libros.

Philip Roth sólo lee a dos escritores vivos, a su amigo Don DeLillo y a Salman Rushdie.

“Buenos días, ha ganado el Nobel”. Y Doris Lessing enterándose por la prensa de que había ganado el Nobel de Literatura.

Escribe Paloma Bravo en ‘La piel de Mica’: “También leía. Todo. Demasiado. Y no salía. Y no reía. Y ya tampoco follaba. Nada. Mucha nada. Era una nerd cuando no estaba de moda serlo. Una adolescente solitaria”.

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Y una canción.

La palabra, las palabras

Dice Ian McEwan que su nueva novela, ‘Operación dulce’, es “una historia de amor, pero no solo entre un hombre y una mujer, sino de amor a la literatura”.

Los refugiados climáticos.

Los mundos de Juan Villoro. Y Villoro escribe sobre Roberto Bolaño.

Algunos fragmentos de ‘Every love story is a ghost story’, la biografía de David Foster Wallace.

Hergé y Tintin.

Philip Roth y amigos.

Juan Gabriel Vásquez sobre Ricardo Piglia.

Un cuento de J.D. Salinger sobre la muerte de la cantante Bessie Smith.

Anaïs Nin leyendo sus diarios.

Escribe Hanif Kureishi en ‘Intimidad’: “Las palabras son acciones y provocan acontecimientos”.
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Y una canción.

Periodismo en el campo de batalla

“Mi desasosiego iba a más a medida que recapacitaba sobre el sinsentido de aquella situación. ¿Qué hacía un cuarentón como yo en aquel punto perdido de la volátil frontera turcosiria, comportándose como un colegial ávido de aventuras? ¿Por qué seguía atrayéndome vivir situaciones extremas y exponerme a peligros tales como el representado por el régimen del presidente Bashar el Asad, enfrascado, desde un año atrás, en una demencial espiral represiva en la que ni siquiera se respetaba a un corresponsal extranjero desarmado? ¿Qué carencia emocional hacía que, cuando trabajaba en la redacción de Barcelona editando y titulando los textos enviados por compañeros, la vida me pareciera insulsa, sin sustancia ni colores? ¿Por qué no me conformaba, como el 99,9% de los seres humanos, con una existencia predecible, marcada por el trabajo, las cenas, las visitas a familiares y amigos y las idas al cine? Estos y otros pensamientos similares atravesaban mi cerebro con la velocidad de un rayo mientras me preparaba para recorrer ese kilómetro y medio que separaba la guerra siria de la seguridad turca, probablemente el kilómetro y medio más extenuante que recorrería jamás en toda mi vida profesional, guinda final a una incursión ilegal de dos semanas de duración en un país sacudido por una revolución, que en sus casi doce meses de vida acumulaba miles de muertos, decenas de miles de desaparecidos y brutales abusos contra la población civil por parte de las fuerzas de seguridad”.

Este fragmento pertenece al último capítulo -“La guerra decisiva se libra en Siria, 2012”- del libro ‘Periodismo en el campo de batalla’ del periodista Marc Marginedas, secuestrado en Siria desde el pasado 4 de septiembre.